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ESPONTANEIDAD Y DIRECCION CONCIENTE

A. Gramsci (1931): Espantaneidad y dirección conscienteVolver al Archivo
      Gramsci





A. Gramsci


Espontaneidad y dirección consciente





Escrito: 1931

Fuente: Antonio Gramsci, "Escritos Políticos"
Esta Edición: Marxists Internet Archive, año 2002







Se pueden dar varias definiciones de la expresión espontaneidad, porque el
fenómeno al que se refiere es multilateral. Hay que observar, por de pronto, que
la espontaneidad pura no se da en la historia coincidiría con la mecanicidad
pura. En el movimiento más espontáneo los elementos de "dirección consciente"
son simplemente incontrolables, no han dejado documentos identificables. Puede
por eso decirse que el elemento de la espontaneidad es característico de la
"historia de las clases subalternas", y hasta de los elementos más marginales y
periféricos de esas clases, los cuales no han llegado a la consciencia de la
clase para sí y por ello no sospechan siquiera que su historia pueda tener
importancia alguna, ni que tenga ningún valor dejar de ella restos documentales.
Existe, pues, una multiplicidad de elementos de dirección consciente en esos
movimientos, pero ninguno de ellos es predominante ni sobrepasa el nivel de la
ciencia popular de un determinado estrato social, del sentido común, o sea, de
la concepción del mundo tradicional de aquel determinado estrato.
Este es precisamente el elemento que De Man contrapone empíricamente al
marxismo, sin darse cuenta (aparentemente) de que está cayendo en la misma
posición de los que, tras describir el folklore, la hechicería, etc., y tras
demostrar que estos modos de concebir tienen una raíz históricamente robusta y
están tenazmente aferrados a la psicología de determinados estratos populares,
creyeran haber superado con eso la ciencia moderna y tomaran por ciencia moderna
los burdos artículos de las revistas de difusión popular de la ciencia y las
publicaciones por entregas. Este es un verdadero caso de teratología
intelectual, del cual hay más ejemplos: los hechiceristas relacionados con
Maeterlinck, que sostienen que hay que recoger el hilo de la alquimia y de la
hechicería, roto por la violencia, para poner a la ciencia en un camino más
fecundo de descubrimientos, etc. Pero De Man tiene un mérito incidental: muestra
la necesidad de estudiar y elaborar los elementos de la psicología popular,
históricamente y no sociológicamente, activamente (o sea, para transformarlos,
educándolos, en una mentalidad moderna) y no descriptivamente como hace él; pero
esta necesidad estaba por lo menos implícita (y tal vez incluso explícitamente
declarada) en la doctrina de Ilich (LENIN), cosa que De Man ignora
completamente. El hecho de que existan corrientes y grupos que sostienen la
espontaneidad como método demuestra indirectamente que en todo movimiento
"espontáneo" hay un elemento primitivo de dirección consciente, de disciplina. A
este respecto hay que practicar una distinción entre los elementos puramente
ideológicos y los elementos de acción práctica, entre los estudiosos que
sostienen la espontaneidad como método inmanente y objetivo del devenir
histórico versus los politicastros que la sostienen como método "político". En
los primeros se trata de una concepción equivocada; en los segundos se trata una
contradicción inmediata y mezquina que trasluce un origen práctico evidente, a
saber, la voluntad práctica de sustituir una determinada dirección por otra.
También en los estudiosos tiene el error un origen práctico, pero no inmediato
como el caso de los políticos. El apoliticismo de los sindicalistas franceses de
anteguerra contenía ambos elementos: era un error teórico y una contradicción
(contenía el elemento soreliano y el elemento de concurrencia entre la tendencia
anarquista-sindicalista y la corriente socialista). Era, además, consecuencia de
los terribles hechos de París de 187l: la continuación, con métodos nuevos y con
una teoría brillante, de los treinta años de pasividad (1870-1900) de los
obreros franceses. La lucha puramente económica no podía disgustar a la clase
dominante, sino al contrario. Lo mismo puede decirse del movimiento catalán, que
no "disgustaba" a la clase dominante española más que por el hecho de que
reforzaba objetivamente el separatismo republicano catalán, produciendo un
bloque industrial republicano propiamente dicho contra los terratenientes, la
pequeña burguesía y el ejército monárquico. El movimiento torinés fue acusado al
mismo tiempo de ser espontaneísta y voluntarista o bergsoniano (!).
La acusación contradictoria muestra, una vez analizada, la fecundidad y la
justeza de la dirección que se le dio. Esa dirección no era abstracta, no
consistía en una repetición mecánica de las fórmulas científicas o teóricas; no
confundía la política; la acción real, con la disquisición teorética; se
aplicaba a hombres reales, formados en determinadas relaciones históricas, con
determinados sentimientos, modos de concebir, fragmentos de concepción del
mundo, etc., que resultaban de las combinaciones espontáneas de un determinado
ambiente de producción material, con la casual aglomeración de elementos
sociales dispares. Este elemento de espontaneidad no se descuidó, ni menos se
despreció: fue educado, orientado, depurado de todo elemento extraño que pudiera
corromperlo, para hacerlo homogéneo, pero de un modo vivo e históricamente
eficaz, con la teoría moderna. Los mismos dirigentes hablaban de la
espontaneidad del movimiento, y era justo que hablaran así: esa afirmación era
un estimulante, un energético, un elemento de unificación en profundidad; era
ante todo la negación de que se tratara de algo arbitrario, artificial, y no
históricamente necesario. Daba a la masa una conciencia teorética de creadora de
valores históricos e institucionales, de fundadora de Estados. Esta unidad de la
espontaneidad y la dirección consciente, o sea, de la disciplina, es
precisamente la acción política real de las clases subalternas en cuanto
política de masas y no simple aventura de grupos que se limitan a apelar a las
masas.
A este propósito se plantea una cuestión teórica fundamental: ¿puede la teoría
moderna encontrarse en oposición con los sentimientos espontáneos de las masas?
(Espontáneos en el sentido de no debidos a una actividad educadora sistemática
por parte de un grupo dirigente ya consciente, sino formados a través de la
experiencia cotidiana iluminada par el sentido común, o sea, por la concepción
tradicional popular del mundo, cosa que muy pedestramente se llama instinto y no
es sino una adquisición histórica también él, sólo que primitiva y elemental).
No puede estar en oposición: hay entre una y otros diferencia cuantitativa, de
grado, no de cualidad: tiene que ser posible una reducción, por así decirlo,
recíproca, un paso de los unos a la otra y viceversa. (Recordar que Kant quería
que sus teorías filosóficas estuvieran de acuerdo con el sentido común; la misma
posición se tiene en Croce; recordar la afirmación de Marx en la Sagrada
Familia, según la cual las fórmulas de la política francesa de la Revolución se
reducen a los principios de la filosofía clásica alemana.) Descuidar -y aun más,
despreciar- los movimientos llamados espontáneos, o sea, renunciar a darles una
dirección consciente, a elevarlos a un plano superior insertándolos en la
política, puede a menudo tener consecuencias serias y graves. Ocurre casi
siempre que un movimiento, espontáneo de las clases subalternas coincide con un
movimiento reaccionario de la derecha de la clase dominante, y ambos por motivos
concomitantes: por ejemplo, una crisis económica determina descontentos en las
clases subalternas y movimientos espontáneos de masas, por una parte, y, por
otra, determina complots de los grupos reaccionarios, que se aprovechan de la
debilitación objetiva del gobierno; para intentar golpes de estado. Entre las
causas eficientes de estos golpes de estado hay que incluir la renuncia de los
grupos responsables a dar una dirección consciente a los movimientos espontáneos
para convertirlos así en un factor político positivo. Ejemplo de las Vísperas
sicilianas y discusiones de los historiadores para averiguar si se trató de un
movimiento espontáneo o de un movimiento concertado: me parece que en las
Vísperas sicilianas se combinaron los dos elementos: la insurrección espontánea
del pueblo italiano contra los provenzales -ampliada con tanta velocidad que dio
la impresión de ser simultánea y, por tanto, de basarse en un acuerdo, aunque la
causa fue la opresión, ya intolerable en toda el área nacional- y el elemento
consciente de diversa importancia y eficacia, con el predominio de la
conjuración de Giovanni da Procida con los aragoneses. Otros ejemplos pueden
tomarse de todas las revoluciones del pasado en las cuales las clases
subalternas eran numerosas y estaban jerarquizadas por la posición económica y
por la homogeneidad. Los movimientos espontáneos de los estratos populares más
vastos posibilitan la llegada al poder de la clase subalterna más adelantada por
la debilitación objetiva del Estado. Este es un ejemplo progresivo, pero en el
mundo moderno son más frecuentes los ejemplos regresivos.
Concepción histórico-política escolástica y académica, para la cual no es real y
digno sino el movimiento consciente al ciento por ciento y hasta determinado por
un plano trazado previamente con todo detalle o que corresponde (cosa idéntica)
a la teoría abstracta. Pero la realidad abunda en combinaciones de lo más raro y
es el teórico el que debe identificar en esas rarezas la confirmación de su
teoría, traducir a lenguaje teórico los elementos de la vida histórica, y no al
revés, exigir que la realidad se presente según el esquema abstracto. Esto no
ocurrirá nunca y, por tanto, esa concepción no es sino una expresión de
pasividad. (Leonardo sabia descubrir el número de todas las manifestaciones de
la vida cósmica, incluso cuando los ojos del profano no veían más que arbitrio y
desorden).









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